Biografía
Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona, o también El Solitario (Besullo cangas de Narcea, Asturias 23 de marzo de 1903 - Madrid 17 de septiembre de 1965) fue un dramaturgo y poeta español perteneciente a la Generación del 27. Se le suele
enmarcar dentro de la corriente denominada "teatro poético",
heredera del modernismo impulsado por Ruben Dario. Por su estilo
lírico y sentimental, su producción dramática también se relaciona a veces con
la de Federico Garcia Lorca
Maestro de profesión, manifestó su firme vocación didáctica inspirada claramente en el ideario de la Institución Libre de Emseñanza y su defensa de los valores progresistas en diversos proyectos de difusión cultural como las llamadas Misiones Pedagógicas, creadas durante la segunda republica española. En este mismo sentido, realizo numerosas y excelentes adaptaciones de obras clasicas teatrales y narrativas, tanto para adultos como para niños y jovenes. Ademas, en todas su creaciones dramáticas originales supo transmitir mensajes de notable proundidad y claroo compromiso social sin renunciar por ello de indudable aliento poético.
Marchó al exilio a raíz de la Guerra Civil Española y, tras pasar por México, se estableció durante una larga temporada en Argentina. En este país gozó de notable éxito de crítica y público. No regresó definitivamente a España hasta 1962, donde permaneció hasta su muerte el 17 de septiembre de 1965 en Madrid. Tras haber sido una de las figuras más reconocidas de la escena española y sudamericana, su regreso a España supuso para él una terrible decepción, ya que los principales autores y críticos teatrales del momento consideraron sus obras anticuadas, producto de una época definitivamente terminada.
Besullo
Pueblo de Alejandro Casona:
Poesía de Alejandro Casona
- La empresa del Ave María, romance histórico, 1920.
- El peregrino de la barba florida, poemario, 1926.
- La flauta del sapo, poemario, 1930.
La flauta del sapo
Teníamos un molino
todo pintado de azul.
El molinero, yo.
La molinera, tú.
¡Ay, mi juventud!
En vez de moler trigo
molíamos amapolas.
De canciones y besos
llenábamos la tolva
¡Ay, juventud!
No era molino harinero,
que era molino de risas.
En las noches de verano,
¡Qué bien molía!
¡Ay, mi juventud!
Molinera mía...
Molinito azul...